Al leer la noticia de que Google ha comprado DocVerse, no sé si alegrarme o no. He tenido la oportunidad últimamente de necesitar una buena herramienta de trabajo colaborativo y de probar Google Docs en un entorno real. El resultado fue un poco desesperanzador: práctico para algunas cosas pero lento y fallón para otras.
Desde luego, DocVerse era la mejor alternativa para compartir documentos Office, con el único problema de tener que descargar un ejecutable con las posibles limitaciones en entornos corporativos, donde muchas veces el usuario no tiene demasiada libertad para administrar su equipo. Pero desde luego, como ellos mismos hacían patente, su objetivo era ser un competidor serio para Google Docs:
La buena noticia es que estoy seguro de que Google hará un buen trabajo y seguro que podrá aprovechar muchas de las funcionalidades de DocVerse para sus Docs, en los que se habían estancado. La mala, que la eliminación de un competidor directo relaja la competencia, y pone de nuevo sobre la mesa la pregunta de si es conveniente tener un actor tan fuerte que incluso algunos se preguntan si no es ya un monopoliode facto.
Ahora que vemos movimientos competitivos en un mercado en plena revolución como el de los terminales móviles (y en el que es muy difícil como desarrollador decidir por qué plataforma apostar), hay una cuestión indiscutible: el iPhone ha puesto el listón alto, y ha despertado una competencia muy sana que hace necesaria la creatividad y la competitividad.
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…
Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
El otro día se me ocurrió la idea de comparar en Google Trends la incidencia de Spotify en las descargas ilegales, mediante la evolución de las palabras “emule” y “spotify“. La gráfica es bastante reveladora:
Durante años la industria discográfica ha estado luchando contra la piratería pensando que su modelo era perfecto, inamovible e indestructible. Si la la gran mayoría se dedicaba a descargar música era porque eran delincuentes, indeseables y gente de mal vivir.
Pero llegó Spotify y revolucionó la manera de escuchar música. Hace no mucho tiempo seguro que muchos melómanos y además un poco teckies nos habíamos dedicado a volcar nuestros CDs, revisar las tags, cargar carátulas, ordenarlas y dejarlas metiditas en el iTunes (o similar) para no tener que volver a sacar el disco de su caja para escuchar lo que te apetecía en un momento determinado (mis CDs en este momento cogen polvo en el trastero).
Confieso que desde que me bajé Spotify no he vuelto a abrir el iTunes, y no me importan demasiado los anuncios, que de momento no son muy intrusivos (y que además están empezando a segmentar según gustos musicales). También será porque no soy demasiado gourmet de la música y me gusta lo convencional. Y lo encuentro casi todo en Spotify. Al fin y al cabo, además, la cuota premium no me parece muy cara si tenemos en cuenta el precio de los CDs y lo que al cabo de un año te podías gastar en discos si la cosa te gustaba lo suficiente.
Reflexión: todos somos en cierta manera discográficas con nuestro negocio por reinventar, la cosa es dar con la tecla. Y habrá un modelo diferente, más adaptado al nuevo medio Internet, para cada sector o industria. Lo bonito es descubrirlo y ponerlo en marcha. Creo que los siguientes en la cola deben ser los negocios de producción cinematográfica y las televisiones de pago. Ya hay iniciativas novedosas, como el Videoclub de Elmundo.es, que se estrena hoy.
Si seguís un poco Google Insights en España veréis que los días que ha habido partido del Real Madrid unas de las palabras con más crecimiento son “roja directa” y “rojadirecta”. Solución: ¿acabar con Rojadirecta.com? ¿O más bien ver las orejas al lobo y empezar a reinventarse?
Dicen que las empresas son las personas. Y yo creo que además, las redes sociales son lo que son las personas que las forman.
Cada vez tengo más amigos en Facebook, sin duda es una buena opción para volver a entrar en contacto con la gente o saber de tus amigos de una forma diferente, amigable, breve y rápida. A mí me gusta saber, aunque sea con un pequeño mensaje de estado, qué se le pasa por la cabeza a cada uno. Pero últimamente mis amigos escriben cada vez menos cosas generales, y más mensajes encaminados a un objetivo. Me explico:
Mis amigos bloggers mandan actualizaciones de sus posts en Facebook, y me parece bien.
Mis amigos más lúdicos abren galletas de la fortuna o me dicen cosas que tienen que ver con juegos en Facebook: que se han comprado un cerdo en la granja nosequé, que es el más listo de su grupo o cosas así.
Otros (y han sido tres casos en las últimas semanas y sospecho que la tendencia irá creciendo) han empezado a usar Facebook para anunciar cosas que venden: nada menos que un piso y un coche.
Los círculos de confianza que crean las redes sociales son muy interesantes. Si yo tuviera una página de anuncios por palabras iría pensando en la amenaza creciente que suponen las redes sociales para mi negocio, porque aportan una competitividad bastante difícil de superar. O más bien iría viendo cómo me puedo integrar con estas nuevas tendencias de mercado. Sin duda, es parte de mi estrategia futura en Internet. Si alquilo mi piso de vacaciones, o vendo algo o quiero comprar, me fío más de alguien que esté en mi red de contactos.
También están progresando este tipo de iniciativas en LinkedIn para la búsqueda de trabajo entre las redes sociales, y un ejemplo de ello es SNTalent, una consultora de búsqueda de directivos que te da 300 € si propones a alguien de tu red para un empleo y al final lo contratan. La fuerza de la prescripción directa es imparable.
Me acabo de dar de alta en Fonyou. Lo descubrí hace unos días en Error500, me gustó la idea y pedí una invitación. Tras unos días de espera me llegó, me di de alta en 5 minutos y ya tengo mi móvil virtual para administrar a través de Internet.
Sinceramente, no me convencen del todo las ventajas del producto como servicio global, pero quería reservar mi número y estudiar el modelo de negocio y el planteamiento de su estrategia, que siempre da pistas o al menos mantiene la mente despierta.
Teóricamente (o al menos por el momento) no te cobran por nada. Comodidad -sobre todo en la recepción, para mi gusto- y coste cero. Bien. Pero eso no les dará de comer, y me gustaría saber cuál es o será realmente su fuente de ingresos. Supongo que antes o después empezarán a cobrar o a vender minutos de publicidad. Y me pregunto… ¿realmente quiero dar a todos mis amigos mi número de Fonyou? ¿Sustituye a mi número de siempre? Para mi gusto, un poco arriesgado, por varias razones:
No permiten portabilidad, así que tengo que sustituir mi teléfono antiguo por el nuevo o mantener una política selectiva de a quién le doy cada número.
No sé si quiero “atarme” sin saber si en el futuro me van a llenar de publicidad o exigir un precio por el servicio, cuando ya mis contactos tengan mi número nuevo y la barrera de salida sea muy alta.
Me resulta poco práctico el modo de llamar, porque siempre me exige modificar algo previamente en Internet. Esto, hoy en día, es totalmente contrario al concepto de movilidad. Y probado desde una Blackberry, la página tiene usabilidad cero.
Así que lo mantendré como número de reserva, algo así como “tu otro móvil” como ING era “tu otro banco”. Ese es precisamente su claim, porque creo que es realmente la ventaja principal: la gestión de la recepción de llamadas de un modo diferente. Ahí sí que aporta un valor y tiene unas ventajas claras que exponen en su web y que me gustan como planteamiento.
Como experimento, lo veo interesante, pero de momento me reservo la opinión hasta ver un uso realmente más práctico. Podéis ver los beneficios de Fonyou que ellos proponen en este video:
Y en esta entrevista Clemes Rossberg y Fernando Núñez Mendoza, miembros de Fonyou, explican el proyecto:
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