Estos días he podido discutir con grandes profesionales, expertos en publicidad online, sobre la importancia de la atribución de las ventas: a quién pagar la comisión en el ámbito de Internet. La conversación venía a cuento de los programas de afiliación, el efecto ROPO y el mix cada vez mayor entre los medios online y offline.
En el aire, varias preguntas y algunas conclusiones:
- Para empezar, podemos atribuir lo medible. Si puedes demostrar (a través de un correcto tracking en el proceso de venta) la procedencia de un usuario, debes remunerar al que te lo ha traído si lo ha hecho en base a un contrato de afiliación o colaboración. Pero si fuéramos rigurosos, deberíamos remunerar a todo aquel que haya contribuido a la venta de alguna manera, aunque no se haya finalizado la venta a través de él.
- Si un usuario ha visitado al Afiliado 1, luego al Afiliado 2 y desde ahí cierra la venta, la atribución debería ser para los dos y por tanto la comisión.
- Si un usuario ha visitado al Afiliado 1 y luego ha comprado el producto en un canal tradicional (donde el tracking es poco menos que imposible), ¿deberíamos remunerar al Afiliado 1? La lógica parece decir que sí, pero empiezan las complicaciones.
- Si la empresa hace un esfuerzo publicitario extraordinario o una promoción especial, debido a ello el Afiliado 1 tiene una ventaja y por tanto se beneficia “injustamente”. Conclusión: durante épocas de campaña por parte del anunciante el afiliado debería cobrar menos. Sustancialmente menos cuanto mayor sea la inversión publicitaria en medios sin tracking.
Las combinaciones son infinitas, y a no ser que queramos plantear un acuerdo de colaboración que sea absolutamente imposible de seguir y cumplir, debemos conformarnos con unas reglas del juego: te pago lo que me traigas directamente. Ni te pago por el ROPO ni te cobro por mi publicidad offline. Tampoco si no eres el último afiliado en la cadena, porque tú también serás el último en alguna otra cadena que no hayas iniciado tú. Como diría José Mota, “las gallinas que entran por las que van saliendo”.
Y otra consideración sobre remuneración cuando vendemos servicios de compra recurrente: antes bastaba con remunerar por captación, pero cada vez se hace más importante (y en los tiempos que corren especialmente evidente) que aprendamos también a remunerar la fidelización. Claro, que esto es más difícil de medir, pero también mucho más importante y probablemente exija un menor esfuerzo en términos de inversión. Ya cada vez queremos menos clientes “temporales” y debemos buscar el cliente ideal: el que aporte máximo valor en su vida con la empresa (o lifetime value como dirían los más cool). Y esto se hace desde el principio: captando mejor, tratando mejor al cliente, fidelizando, e implicando al distribuidor en toda la cadena.
Algo parecido nos propone Alicia Verdasco en un interesante artículo sobre remuneración entre empresas.



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