Abr 05
Si hay algo que me gusta en esto de Internet es ver cómo hay gente capaz de reinventarse aprovechando las ventajas del medio y sin generar excesiva complicación. Sobre esto, os recomiendo un post de Rubén Colomer sobre las funcionalidades de las aplicaciones web. No puedo estar más de acuerdo con su idea: hay que resolver problemas, no inventar funcionalidades.
Eso precisamente es lo que me ha llamado la atención de un nuevo proyecto de Metrovacesa del que leo en MarketingNews: la subasta inversa de pisos a través de Internet, y lanzado bajo el nombre provocativo -y un poco desesperado- de Adiospisos.com:

Si alguien ha estado en una lonja, sabe cómo funcionan las subastas inversas: en pocas palabras, el precio va bajando mientras nadie lo pare. Y para la liquidación de pisos en stock, el problema actual de muchas promotoras, constructoras y entidades hipotecarias, es más que perfecto.
Os invito a conocer el proyecto e incluso a pujar. Chollos no va a haber, porque hay un precio mínimo para cada piso, pero al menos es emocionante ver cómo se te puede escapar el piso de tu vida por no parar a tiempo…
Nov 30
El otro día se me ocurrió la idea de
comparar en Google Trends la incidencia de Spotify en las descargas ilegales, mediante la evolución de las palabras “
emule” y “
spotify“. La gráfica es bastante reveladora:
Durante años la industria discográfica ha estado luchando contra la piratería pensando que su modelo era perfecto, inamovible e indestructible. Si la la gran mayoría se dedicaba a descargar música era porque eran delincuentes, indeseables y gente de mal vivir.
Pero llegó Spotify y revolucionó la manera de escuchar música. Hace no mucho tiempo seguro que muchos melómanos y además un poco teckies nos habíamos dedicado a volcar nuestros CDs, revisar las tags, cargar carátulas, ordenarlas y dejarlas metiditas en el iTunes (o similar) para no tener que volver a sacar el disco de su caja para escuchar lo que te apetecía en un momento determinado (mis CDs en este momento cogen polvo en el trastero).
Confieso que
desde que me bajé Spotify no he vuelto a abrir el iTunes, y no me importan demasiado los anuncios, que de momento no son muy intrusivos (y que además están empezando a
segmentar según gustos musicales). También será porque no soy demasiado gourmet de la música y me gusta lo convencional. Y
lo encuentro casi todo en Spotify. Al fin y al cabo, además, la cuota premium no me parece muy cara si tenemos en cuenta el precio de los CDs y lo que al cabo de un año te podías gastar en discos si la cosa te gustaba lo suficiente.
Reflexión:
todos somos en cierta manera discográficas con nuestro negocio por reinventar, la cosa es dar con la tecla. Y
habrá un modelo diferente, más adaptado al nuevo medio Internet, para cada sector o industria. Lo bonito es descubrirlo y ponerlo en marcha. Creo que los siguientes en la cola deben ser los negocios de
producción cinematográfica y las televisiones de pago. Ya hay iniciativas novedosas, como el
Videoclub de Elmundo.es, que se estrena hoy.
Si seguís un poco
Google Insights en España veréis que los días que ha habido partido del Real Madrid unas de las palabras con más crecimiento son
“roja directa” y “rojadirecta”. Solución: ¿acabar con Rojadirecta.com? ¿O más bien ver las orejas al lobo y empezar a reinventarse?

Sobre esto también han hablado en Yorokobu
Nov 06
Vamos a hacer un poco de caso a Porter, para integrar Internet en la estrategia de nuestra empresa y ver qué puede aportar en nuestra cadena de valor. Una de las cosas que podemos empezar a pensar es:
¿cómo puedo transferir a mi cliente actividades que yo hago ahora mismo, y que puedan suponerle un valor añadido?
Un paradigma reciente de esto, conocido por todos, es el de IKEA, un lugar donde tú lo haces casi todo: miras lo que quieres comprar, mides, apuntas, buscas en el almacén, cargas, transportas y montas el mueble. Una locura, ¿no? Pues a pesar de todo, el concepto es muy bueno, porque supone un beneficio claro para el consumidor, en este caso concreto la posibilidad de tener un mueble “de diseño” a un muy buen precio. Hay muchos ejemplos en los que el beneficio para el consumidor no está tan claro y a los que nos hemos acostumbrado, como los autoservicios o las gasolineras. La cosa está en descubrir el punto, ver si es un beneficio para el consumidor y ponerlo en práctica.
Internet también nos puede ayudar en este sentido. Ayer me contaron un caso que me encantó y que quería compartir con vosotros:
- Caso: The Guardian tiene acceso a una extensísima documentación, como otros medios de comunicación, sobre los gastos de los miembros del parlamento, y quiere investigarlos.
- Problema: son 458,832 páginas para revisar y decidir qué tipo de información tienen, si es comprometida y si hay que investigarla.
- Solución posible (y carísima): poner a parte de la plantilla del periódico a trabajar en ello.
- Solución elegida (baratísima): poner a la audiencia a analizarlo, a través de una sencilla página en Internet.
- Resultado: en el momento de escribir este post, dicen que “We have 458,832 pages of documents. 24,497 of you have reviewed215,285 of them. Only 243,547 to go…”
Simplemente genial. El riesgo de la falta de rigor se puede controlar fácilmente haciendo que haya una autoregulación y desde luego la eficiencia del proceso está fuera de toda duda.
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