Creer que todo va a ser digital en el futuro es una simplificación y una ingenuidad. Pero también lo es el sostener que todo va a seguir igual. Ante el inmovilismo, la realidad: leemos el El Mundo que esta Navidad el número de SMS enviados ha descendido entre un 6% y un 15%. Los sustitutos: los distintos messengers y las redes sociales. Esas son las cifras oficiales que declaran los afectados, me temo que la realidad puede ser todavía más llamativa.
Hay frases hechas que me hacen especial gracia, y una de ellas es esa de que “si funciona, no lo cambies”, en sus distintas versiones (y atribuciones). Eso funcionaría si, como los economistas teóricos, nos acogemos al famoso ceteris paribus (permaneciendo todo lo demás igual). Ahí está el tema, que el resto no permanece igual. El cambio constante está llegando de manera lenta pero constante en algunos sectores (en los seguros, por ejemplo, en teoría la venta online no llega al 1%), pero en otros el golpe año a año es demoledor. ¿Quién aguantaría un descenso del 15% de un año para otro de forma continuada? Las telecos lo están sufriendo en una de sus líneas de negocio principales, y menos mal para ellas que ya lo veían venir y han estado potenciando los accesos a Internet a través del móvil. Algo parecido pasará con las llamadas cuando los Viber, Tango y compañía se popularicen un poco y se abran a todas las plataformas (editado: con la ventaja adicional de contar con el efecto red de su lado):
En definitiva: no nos pasemos de idealistas pensando que todo va a ser online, pero mucha atención a los cambios, si te pilla a pie cambiado a lo mejor tu cuota de mercado se desploma de un año a otro. Y por lo que cuentan, sólo el 10% de los CEO españoles considera la estrategia en Internet un asunto prioritario. Por lo menos, preocupante.





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